jueves, 1 de octubre de 2015

MI VINCULACION PROFESIONAL CON EL TURF

MI VINCULACION VOCACIONAL  AL TURF COMO MEDIO DE VIDA

Una vez culminados los estudios secundarios dieron paso a los estudios terciarios que en ese momento en Montevideo, consistían en dos años de Preparatorios en la Universidad de la República. Desde el inicio se separaban dos grupos de estudios con profesiones distintas y preparatorias para la vocación que el estudiante decidía. En realidad la diferencia la marcaba en sus exigencias, la tan temida matemática,  quienes elegían escribanía deberían sortear ese escollo. Mientras tanto los aspirantes a abogados o Dres en Leyes, la evitaban. Opté por el primer grupo ya que la matemática me era accesible, dada la costumbre de tener un aproximado al dividendo que en ese entonces debía sacarse rápido, mientras subían las pizarras manuales coincidente con la bandera roja a mitad de mástil. Señal del toque de campana con bandera al tope y el largaron clásico de la tribuna.
El primer año de Preparatorios fue aceptable y conseguí el pase para el año venidero. El cosquilleo de la liberación económica, fue la tónica de ese verano adelantado para quienes no nos habíamos llevado ninguna materia. Mediados de noviembre y la playa, como compañera solitaria, daba lugar a la meditación. El busco trabajo y sigo estudiando a la noche, era una opción. En ese caso mi afición al basket se vería truncada y podría ser una tentación al descuido. Otra opción era continuar estudiando y prácticamente ser dependiente de la colaboración gustosa de mis padres, como había sido hasta ese momento. Perteneciente a una familia tipo clase media obrera, entendía que era realmente un sacrificio gustoso pero sacrificio al fin. La tercer opción era dedicarse de lleno al trabajo y por ende abandonar los estudios. Tenía tiempo para anotarme en el curso del año siguiente hasta el 15 de febrero, las clases comenzaban por la segunda quincena de marzo.
Diciembre era el mes definitorio. Siempre en silencio decidí tomar la decisión de decirle no a la Universidad y comenzar a buscar trabajo. Creí conveniente que el día de nochebuena con los festejos familiares, encarar al viejo una vez entrada la Navidad y aprovechando los ruidos de los cohetes, cañitas voladoras, buscapiés y hasta algunas salvas de revólver o pistola según el caso, era el momento indicado. Así fue que en un aparte de los brindis, sin más ni más, me salió el Viejo tengo que hablar contigo. Reconozco que  fue el directo al mentón luego del tañido del gong. Decidí dejar los estudios. Conmocionado, con su rostro casi desencajado, los festejos del resto le hicieron responderme, no es el momento para tratar este tema. Mañana la seguimos después del almuerzo y en una caminata por la orilla de la playa sin testigos. Me causó extrañeza, no había visto jamás a mi padre con un short de baño ya que la playa no era de su predilección. A eso de las cuatro de la tarde con un socarrón pedido de un short viejo, me dijo pienso comenzar el año con un baño en la costa junto a mi hijo. Prepará el mate que voy me doy un chapuzón y vuelvo a tomar mate con vos en referencia a mi mamá. Este año, se me hace que va a ser distinto, replicó como con alegría intentando disimular la cosa.
Ni siquiera llegamos a la playa y en las cuatro cuadras que eran su recorrido, fue directo al grano. Que te pasa? Porqué querés cometer el error más grave de tu vida? Siempre tuvimos una elación muy cordial y ello posibilitó mi respuesta con rapidez. Viejo quiero ser independiente y no considerarme un dependiente económico de Vds. Reconozco que lo hacen con todo gusto y mucho lo valoro pero también considero que el camino a recorrer es largo y no es de mi agrado. Quizás resulte una noticia que en este momento tan especial, te haya hecho no festejar como debiste la fiesta navideña. Perdón, pero hice lo que tú me enseñaste, al menor problema comunicartelo.  Hombre de pocas palabras pero justas y certeras contestó rápido. Esto queda entre vos y yo. Silencio stampa. Entiendo que es una medida muy equivocada y tal vez decidida sin razonarla debidamente. Hagamos un pacto de no tocar este tema hasta el 14 de febrero, en silencio. Es un tiempo que vos tenés que pensar en tu decisión. Modificarla sería de mi agrado y más de tu madre. También te comunico que a partir de la misma, si decides mantener en esta postura, el 15 de febrero a trabajar, no importa donde. Repartidor de almacén puede ser una opción factible y a tu alcance, pero en casa no se mantienen “holgazanes”. En caso de darnos la alegría de continuar como hasta el momento, todo seguiría igual y nadie, entendeme bien, nadie tiene porque enterarse y me refiero a tu madre que recién lo va a sufrir el 14 de febrero. Quizás en una respuesta rápida pero convencido de mi decisión, beso en la mejilla mediante, dije te lo aseguro que antes del 14 de febrero vas a enterarte de mi primer trabajo. Mientras papá volvía a casa, seguí mi camino a la arena. El adujo la rápida vuelta a casa, en la gran cantidad de gente que había, según mucho tiempo después me lo dijo mamá.
En esos años era mucho más fácil conseguir laburo. Allá por finales de enero, creo el veinte más o menos, comencé a trabajar en AYAX S.A. una concesionaria de autos, con taller, repuestos, salón de ventas y oficinas. El Gerente era Don Emilio J, Curcio que años después llegó  a ser propietario de un Haras. En ese entonces estaba en contra de las carreras, apoyado en un concepto que a los bancarios, no se les permitía en sus lugares de trabajo el concurrir al hipódromo. Era lógico que por mejor buena letra que hiciese, ya tenía un punto en contra. A pesar de ello ascendi de cargo, y en mi corta carrera oficinista llegué a ser Liquidador de Sueldos y Jornales, cargo distinguido en lo honorífico, no tanto en lo económico.
Debo decir que en mis años de universitarios tuve la dicha de ser “compinche” de Germán Aguirre Ramírez, carrerista como yo, compañero de tantas “rabonas” de sábados a la tarde pasados en Maroñas. Tomamos el mismo año la decisión y el paso a ocupar un lugar en la Sección Carreras de El Plata, en ese momento dirigida por Julio Folle Larreta, una de las máximas “plumas” de Montevideo y Alberto Montaño como sub jefe, que aún goza de buena salud, recientemente homenajeado en la Sala de Periodistas del nuevo Hipódromo de Maroñas, que lleva su nombre. En realidad  los cupos estaban llenos y la única chance que podía haber era la de cronometrista, término para mi desconocido como función específica, que estaba a cargo de Don Raymundo Páez cuando él decidiera su retiro y previa adaptación al mismo. Conté con la benevolencia de Don Julio y asi fue como me presente una mañana de ejercicios en el Palco Folle Ylla. Fui recibido por Don Mundo, como asi le decían a este buen señor que aceptó mi inquietud de conocer el trabajo y asi fue que comencé con su inconmensurable ayuda a “moldear” una actividad que me resultó apasionante.
Reconozco que tuve a favor el conocimiento visual de profesionales, tanto jockeys como entrenadores, por mi asidua concurrencia desde niño al hipódromo. Lo demás vino con el correr del tiempo y resultó ser mi disfrute y mi medio de vida.




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