MI VINCULACION VOCACIONAL
AL TURF COMO MEDIO DE VIDA
Una vez culminados los estudios secundarios dieron paso a
los estudios terciarios que en ese momento en Montevideo, consistían en dos
años de Preparatorios en la Universidad de la República. Desde el inicio se
separaban dos grupos de estudios con profesiones distintas y preparatorias para
la vocación que el estudiante decidía. En realidad la diferencia la marcaba en
sus exigencias, la tan temida matemática,
quienes elegían escribanía deberían sortear ese escollo. Mientras tanto
los aspirantes a abogados o Dres en Leyes, la evitaban. Opté por el primer
grupo ya que la matemática me era accesible, dada la costumbre de tener un
aproximado al dividendo que en ese entonces debía sacarse rápido, mientras
subían las pizarras manuales coincidente con la bandera roja a mitad de mástil.
Señal del toque de campana con bandera al tope y el largaron clásico de la
tribuna.
El primer año de Preparatorios fue aceptable y conseguí el
pase para el año venidero. El cosquilleo de la liberación económica, fue la
tónica de ese verano adelantado para quienes no nos habíamos llevado ninguna
materia. Mediados de noviembre y la playa, como compañera solitaria, daba lugar
a la meditación. El busco trabajo y sigo estudiando a la noche, era una opción.
En ese caso mi afición al basket se vería truncada y podría ser una tentación
al descuido. Otra opción era continuar estudiando y prácticamente ser
dependiente de la colaboración gustosa de mis padres, como había sido hasta ese
momento. Perteneciente a una familia tipo clase media obrera, entendía que era
realmente un sacrificio gustoso pero sacrificio al fin. La tercer opción era
dedicarse de lleno al trabajo y por ende abandonar los estudios. Tenía tiempo
para anotarme en el curso del año siguiente hasta el 15 de febrero, las clases
comenzaban por la segunda quincena de marzo.
Diciembre era el mes definitorio. Siempre en silencio decidí
tomar la decisión de decirle no a la Universidad y comenzar a buscar trabajo.
Creí conveniente que el día de nochebuena con los festejos familiares, encarar
al viejo una vez entrada la Navidad y aprovechando los ruidos de los cohetes,
cañitas voladoras, buscapiés y hasta algunas salvas de revólver o pistola según
el caso, era el momento indicado. Así fue que en un aparte de los brindis, sin
más ni más, me salió el Viejo tengo que hablar contigo. Reconozco que fue el directo al mentón luego del tañido del
gong. Decidí dejar los estudios. Conmocionado, con su rostro casi desencajado,
los festejos del resto le hicieron responderme, no es el momento para tratar este
tema. Mañana la seguimos después del almuerzo y en una caminata por la orilla
de la playa sin testigos. Me causó extrañeza, no había visto jamás a mi padre
con un short de baño ya que la playa no era de su predilección. A eso de las
cuatro de la tarde con un socarrón pedido de un short viejo, me dijo pienso
comenzar el año con un baño en la costa junto a mi hijo. Prepará el mate que
voy me doy un chapuzón y vuelvo a tomar mate con vos en referencia a mi mamá.
Este año, se me hace que va a ser distinto, replicó como con alegría intentando
disimular la cosa.
Ni siquiera llegamos a la playa y en las cuatro cuadras que
eran su recorrido, fue directo al grano. Que te pasa? Porqué querés cometer el
error más grave de tu vida? Siempre tuvimos una elación muy cordial y ello
posibilitó mi respuesta con rapidez. Viejo quiero ser independiente y no
considerarme un dependiente económico de Vds. Reconozco que lo hacen con todo
gusto y mucho lo valoro pero también considero que el camino a recorrer es
largo y no es de mi agrado. Quizás resulte una noticia que en este momento tan
especial, te haya hecho no festejar como debiste la fiesta navideña. Perdón,
pero hice lo que tú me enseñaste, al menor problema comunicartelo. Hombre de pocas palabras pero justas y
certeras contestó rápido. Esto queda entre vos y yo. Silencio stampa. Entiendo
que es una medida muy equivocada y tal vez decidida sin razonarla debidamente.
Hagamos un pacto de no tocar este tema hasta el 14 de febrero, en silencio. Es
un tiempo que vos tenés que pensar en tu decisión. Modificarla sería de mi
agrado y más de tu madre. También te comunico que a partir de la misma, si
decides mantener en esta postura, el 15 de febrero a trabajar, no importa
donde. Repartidor de almacén puede ser una opción factible y a tu alcance, pero
en casa no se mantienen “holgazanes”. En caso de darnos la alegría de continuar
como hasta el momento, todo seguiría igual y nadie, entendeme bien, nadie tiene
porque enterarse y me refiero a tu madre que recién lo va a sufrir el 14 de
febrero. Quizás en una respuesta rápida pero convencido de mi decisión, beso en
la mejilla mediante, dije te lo aseguro que antes del 14 de febrero vas a
enterarte de mi primer trabajo. Mientras papá volvía a casa, seguí mi camino a
la arena. El adujo la rápida vuelta a casa, en la gran cantidad de gente que
había, según mucho tiempo después me lo dijo mamá.
En esos años era mucho más fácil conseguir laburo. Allá por
finales de enero, creo el veinte más o menos, comencé a trabajar en AYAX S.A.
una concesionaria de autos, con taller, repuestos, salón de ventas y oficinas.
El Gerente era Don Emilio J, Curcio que años después llegó a ser propietario de un Haras. En ese
entonces estaba en contra de las carreras, apoyado en un concepto que a los
bancarios, no se les permitía en sus lugares de trabajo el concurrir al
hipódromo. Era lógico que por mejor buena letra que hiciese, ya tenía un punto
en contra. A pesar de ello ascendi de cargo, y en mi corta carrera oficinista
llegué a ser Liquidador de Sueldos y Jornales, cargo distinguido en lo
honorífico, no tanto en lo económico.
Debo decir que en mis años de universitarios tuve la dicha
de ser “compinche” de Germán Aguirre Ramírez, carrerista como yo, compañero de
tantas “rabonas” de sábados a la tarde pasados en Maroñas. Tomamos el mismo año
la decisión y el paso a ocupar un lugar en la Sección Carreras de El Plata, en
ese momento dirigida por Julio Folle Larreta, una de las máximas “plumas” de
Montevideo y Alberto Montaño como sub jefe, que aún goza de buena salud,
recientemente homenajeado en la Sala de Periodistas del nuevo Hipódromo de
Maroñas, que lleva su nombre. En realidad
los cupos estaban llenos y la única chance que podía haber era la de
cronometrista, término para mi desconocido como función específica, que estaba
a cargo de Don Raymundo Páez cuando él decidiera su retiro y previa adaptación
al mismo. Conté con la benevolencia de Don Julio y asi fue como me presente una
mañana de ejercicios en el Palco Folle Ylla. Fui recibido por Don Mundo, como
asi le decían a este buen señor que aceptó mi inquietud de conocer el trabajo y
asi fue que comencé con su inconmensurable ayuda a “moldear” una actividad que
me resultó apasionante.
Reconozco que tuve a favor el conocimiento visual de
profesionales, tanto jockeys como entrenadores, por mi asidua concurrencia
desde niño al hipódromo. Lo demás vino con el correr del tiempo y resultó ser
mi disfrute y mi medio de vida.
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