MILIA: UN ALTO EN EL CAMINO
Si bien transitorio, “sólo un alto en el camino”, el
anunciado retiro profesional de Alberto Milia, configura uno de los
acontecimientos actuales más trascendentes del turf nacional. Significa el
punto final a una trayectoria de medio siglo. Y no una trayectoria cualquiera.
Ninguno en Maroñas ha ganado más carreras -1622- más clásicos -250- más “Pollas”
-15- ni más estadísticas -13- que él.
Muy pocos han alcanzado tanta fama. tanto prestigio, y
tantos elogios. Y, sin embargo, en la plenitud física y mental, opta -quizás en
una de sus decisiones más difíciles- por un paréntesis, que será o no
definitivo, pero que priva al turf de su capacidad y experiencia en una época
de generalizada mediocridad.
Sobre Alberto Milia podría escribirse un libro, el que
quizás nos deje algún día su propio protagonista. Y un libro de varios tomos en
el que se incluyan su pasión por la música; la literatura, el teatro, sus
anécdotas con los grandes del turf y del espectáculo, sus triunfos y sus
derrotas, sus experiencias, y todo lo que ha ido formando; esa personalidad
excepcional que a veces cuesta ubicar en un ambiente y en una profesión tan
específicos. Pero el espacio limita y permite apenas algunos conceptos,
referencias o el suministro de datos que den una idea de su trayectoria. Muy
poco para tanto.
Apenas un esbozo de un personaje sin réplica. Y a esas
limitaciones nos ceñimos con la insatisfacción de dejar en el tintero cosas tan
importantes como las que ofrecemos.
-¿Por qué deja de cuidar?
-”No es una decisión definitiva. Es casi seguramente, un
paréntesis. Se suman muchas cosas. Algunas profesionales y otras personales. En
estos momentos es muy difícil cuidar cómo a uno le gustaría hacerlo. Por
motivos que todos conocen y que no es del caso reiterar.
Además, deseo viajar a Europa a reencontrarme con mi hijo
“Beto” y con mi nieto, que también entrena en España, y observar los adelantos
que se registran en la profesión por aquellas latitudes. Pero no descarto
volver a cuidar. Es más. tengo a consideración una oferta de una importante
caballeriza argentina a cuyo propietario solicité un plazo de 90 días para
responder. Es factible que. en definitiva, reanude mi actividad en Buenos Aires
“.
La fotografía publicada por El Diario, al efectuar
la nota a Alberto Milia.
Isaúl Rey junto a Alberto Milia, un binomio destacadísimo en
su época.
Alberto Milia llevando de la brida a Miss Nobel.
Después de 5 años observando, escuchando, y aprendiendo, al
costado de Don Francisco Milia.
Alberto solicitó la “Licencia de Cuidador” que le fue
concedida el 23 de octubre de 1933. Ese año ganó su primera carrera, al
siguiente sumó cinco, y en el 35 ganó 21 carreras, apenas 3 menos que Luis
Lanza, ganador de la estadística. Faltaban, para colocarse decididamente en
primeros planos, los clásicos y una estadística. Y los logró al año siguiente.
“En el 36, con 24 años de edad, tuve la primera chance de
ganar la estadística. Al llegar la última reunión había logrado 27 triunfos y
Don José De Giuli con 29. estaba al frente de las posiciones. Tenia sólo dos
animales anotados contra varios de Don Pepe entre los que figuraba uno,
Bárbaro, con chance poco menos que excluyente. Era imprescindible, para
alcanzar un empate, que ese animal perdiera. Y Bárbaro, corrido por Quezada.
cayó en el último salto ante Versalles -al cuidado de Félix Gómez que recién se
iniciaba en la profesión- conducido magistralmente por Avero. Me volvió el alma
al cuerpo. Abelardo Pérez, que, le estaba corriendo a Berazateguy en Buenos
Aires, había retornado el día anterior para radicarse en Montevideo y a él
confié mis dos pupilos. La primera fue Adua. Abelardo le brindó un nilotaje maravilloso
v apenas por media cabeza logró superar a Lavera, una defensora del stud “El
Candado” de don Hugo Díaz.
Quedaba Coty en la carrera final. Había pintado para crack
pero, a raíz de una lesión, se había ido desdibujando mereciéndome, en
consecuencia, una confianza muy relativa. Puse a Abelardo al tanto de las
características del animal y le di libertad de acción para conducirlo. Tomó la
punta y se vino con acción deslumbrante clavando 2’1” para los dos quilómetros
y ganando por tres cuerpos. Con él empaté la estadística’’.
A partir de entonces, comenzó a afianzarse el prestigio de
Alberto Milia. Se fue poblando su caballeriza de Besares y empezaron a llover
los ofrecimientos. No hubo barreras para su entusiasmo y capacidad y fue así
que poco después de ese empate con De Giulí. sin dejar Maroñas, puso la mira en
Palermo.
“En 1940. con alrededor de 40 caballos en Maroñas. comencé a
alternar con los hipódromos argentinos. Era la época de Cervi. de los Torterolo
que habían retornado de Francia, y de tantos otros maestros del training. Con
José De Giuli. que cuidaba también en Argentina, viajábamos todas las semanas
en el vapor de la carrera. Nos teníamos un gran respeto y en las largas charlas
que sostuvimos pude comprobar que, en general, prevalecían las coincidencias en
la forma de entrenar. Estuve así, de un lado para otro, alrededor de ocho
meses. La primera tentativa fue con Negligent del stud “Delta”, que cuidó 51
años con nosotros, y. por suerte, con todo éxito. Conducido por Leguisamo logró
ganar sin problemas. En total corrimos unas 16 carreras de las que ganamos
once. 25 años después retorné con Matador y Veneno - ¡qué nombres!- para
“revalidar el título”. Matador ganó- en sus dos primeras actuaciones
fracturándose los sesamoideos en la tercera. Veneno también ganó”.
También en Estados Unidos, Alberto Milia dejó su sello. Se
trasladó en 1977 tentado por una excelente oferta del Haras “Los Apamates”.
“Lamentablemente las cosas no salieron como hubiésemos
deseado. Llevamos animales que. por distintas causas, no ayudaron. Tamú Traful.
segundo en el Nacional de Maroñas. se enfermó, otro animal que llevamos de
Chile se lesionó, y así con todos a excepción de Tamú-Chásico que. corrido por
Ramón Encinas, perdió a un cuarto de cuerpo de un caballo que ganó en total
400.000 dólares. Tuve, no obstante, algunas satisfacciones en mi pasaje por
Estados Unidos”.
Para Alberto Milia. entrenar es un deleite. Es quizás una de
las tareas más difíciles para un cuidador y en la que en rigor, surgen las
diferencias que consagran a unos y dejan a otros, los más. en el anonimato.
Sobre el particular recogimos su opinión: “Hay tantos sistemas de
entrenamiento, como caballos. El sistema nervioso, la asimilación, el descanso,
en fin, todo varía de un animal a otro. Captar esas diferencias es la tarea más
difícil pero, también, más interesante de la profesión.
El trabajo empieza cuando el animal, tomando por ejemplo, un
potrillo, llega al stud. Generalmente lo hace con unos cuantos quilos de más.
Es necesario, en consecuencia, como primer paso, rebajarle el peso. Ideal es
llevarlo a la piscina. De esa manera pierde peso sin peligro de deformación
ósea o de lesiones.
Paralelamente se le suministran vitaminas y calcio. Liviano
y fortalecido, empieza la doma. Soy decididamente partidario de la doma de
freno.
En Europa y Estados Unidos no pueden entender el sistema que
se aplica acá tratando al producto como si fuera un criollo de campo para
trabajo y no como un caballo de carrera que cuesta mucho dinero y que debe ser
preparado para correr. La doma de freno evita la tortura del otro sistema y
también riesgos.
Después, durante unos diez días, se le dan cuatro vueltas al
trote por día para irlo alivianando y amansando. Luego una vuelta de trote y
otra de galope durante un lapso similar. Si el animal es dócil y manso se
comienza el entrenamiento lentamente. El propio animal va a sugerir el momento
de intensificar el entrenamiento. Aún cuando reitero que cada animal requiere
un sistema propio de training, tengo algunos conceptos básicos de carácter
general.
Uranio; montado por Isaúl Rey,
fue según propias
expresiones de Alberto Milia el
mejor caballo que tuvo a su cuidado.
ENTRENAR ES UN DELEITE
TRAYECTORIA
COMO ELEGIR UN PRODUCTO
PING-PONG
Uno de los tantos festejos del Ramírez ganado por Uranio.
Parados, rodeando a Alberto Milia, varios patrones del stud y amigos. El
segundo, hacia su derecha, es Don Tácito Lostorto, que sigue firme en la
brecha. Agachados, los jockeys Numan Lalinde, José Moreno e Isaúl Rey y el
inolvidable propietario del stud “La Mouche”, Joaquín Sala Frugoni (el Oso).
Gregorio Riboira,
otra de las
habituales montas
elegidas por Alberto
Milia para sus
pupilos
Por ejemplo, soy partidario de lo que llamo el trabajo
repartido. En lugar de pedirle 47” en 800 metros en una partida, le hago hacer
53” un día y 50” o 49” al día siguiente. El animal hace lo mismo, y se desgasta
menos. Es fundamental, por otra parte, la impresión en cada trabajo y el
control de la respiración después del ejercicio. Si en 20 o 25 minutos vuelve a
la normalidad, puede decirse que el animal esta con los 10 puntos. Sostengo,
contra lo que opinan muchos colegas, que debe suministrarse la ración el día de
la carrera. Un animal hace la digestión en 6 horas.
La gran ilusión de cualquier propietario de caballos de
carrera es “sacar” el crack del año. Y, mejor aún, elegirlo en el Tattersall.
Pero no es tarea fácil ni mucho menos. Hay quienes tienen buen ojo y quienes no
lo tienen. Unos dan mayor importancia al tipo, otros al origen, incluso hay
quienes se inclinan por determinada cabaña.
Unir todos esos elementos y sacar las conclusiones que
permitan arrimarse a la elección ideal, no está al alcance de todos. Alberto
Milia ha visto desfilar muchos cracks y muchos caballos buenos por su stud
Uranio, Profano, Scooter, Escipión, Petróleo, Lord Coty, Vertiginoso, Matador,
Veneno, Galeote, Espartaco, Camborio, Miss Nobel, Bakelita, Marela, Boina Roja
y tantos más.
Muchos de ellos, incluso, seleccionados por él. No hace
falta decir, entonces, su autoridad en materia tan particular y la importancia
que, en consecuencia, adquieren sus opiniones formadas tras una experiencia de
muchos años.
“Tengo, como todos, mi forma de ver las cosas. Prefiero los
productos de 1.64 o 1.65 de talla.
De cañas cortas y gruesas: las gruesas son más sólidas y con
caña corta el brazuelo es más largo lo que permite que la tendida abarque más
centímetros. Anca amplia arriba (el anca caída es sinónimo de velocidad),
garrón poderoso, grande y ancho, para trasmitir más fuerza. Buena mandíbula,
cabeza cuadrada y buena expresión en los ojos. Es importante que las
pulsaciones sean normales y fuerte el tono del corazón.
-¿Un caballo?
- Yatasto.
-¿Uno a su cuidado?
- Dos: Uranio y muy cerca Profano. Y también Scooter,
imbatible en distancias entre la milla y 2.200 metros, opinión avalada por
Elías Antúnez cuando corrió en su contra.
-¿Un jockey?
- Leguisamo. Le llamo “el irrepetible”. Después Abelardo
Pérez. Olegario Ruiz. Benjamín Gómez. Justino Batista. En la actualidad. Arturo
Piñeyro.
-¿Un cuidador?
- Además de mi padre, don José De Giuli.
-¿Freno o Filete?
- Filete, sin la más mínima duda y cuanto más larga la
carrera, mejor. Saca un centímetro por brazada. Entre jockeys de similar nivel,
el filetero lleva una indiscutible ventaja.
-¿Un hipódromo?
- San Isidro. Belmont Park es otro gran hipódromo ubicado
entre los 5 o 6 mejores. Además, compiten allí los mejores caballos del mundo.
El pedigree obviamente, tiene mucha importancia. Deben
buscarse las familias generosas que dan caballos ganadores. En el fondo, todas
las razas tienen antecedentes respetables pero no todas trasmiten de la misma
manera. Eso sí, a pedigrees similares, opto por el sujeto”.
Si va a correr tarde, no hay motivos para no darle avena,
maíz, alfalfa seca y alfalfa verde, e incluso agua. Como cualquier deportista
el día de una competencia.
Todos estos son aspectos generales y que aplico con todos
los animales.
El entrenamiento, en sus detalles es diferente porque allí
gravitan decididamente, como dije al comienzo, las características de cada
uno’’.
Sonrientes ingresan al pesaje luego de uno de los tantos
triunfos de Scooter “el Tero” Rey y “el Mago de Besares” Alberto MiIia.
Fuente: Nota publicada en El Diario. 18 de Agosto de 1983.
Otro clásico festejo era la cena que se llevaba a cabo en el
Restaurant El Aguila cada vez que Alberto Milia ganaba la estadística de
entrenadores.
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